He tenido que rebuscar mucho para encontrar testimonios, verdaderas prueba del estado de mi existencia en 1998, y lo primero que encontré es algo que aunque en apariencia no es muy nostálgico, está expedido por la jefatura de tráfico de Córdoba, por tanto, no podemos negarle su validez.
Yo en 1998 vivía en Córdoba, estudiaba en el Instituto Luis de Góngora , era la presidenta de la Asociación de Alumnos Enrique Tierno Galván y la representante de los alumnos en el consejo escolar del instituto, y aunque a veces eso me enorgullecía, porque realmente fuimos el motor de acción de muchos proyectos gratificantes, otras me daba vergüenza y cabreo tomar parte en las exhibiciones y alardeos de magnificencia del que el propio Instituto, por aquel entonces bastante prehistórico en algunos aspectos, nos hacía partícipes, y a las pruebas me remito.
Pese a esta dicotomía, terminé dando el discurso en la graduación de mi promoción junto con el melli Rodrígo, que había sido mi amigo y compañero de clase desde prescolar.
Jugaba en el equipo de voley del instituto, era colocadora, una cuestión de altura, pero me sentía cómoda en el puesto, me gustaba... guardiolear. Éramos el único equipo mixto de la liga, y por tanto, nunca podíamos competir con nadie. Mi entrenadora era toda una institución, había sido la entrenadora de balonbolea de mi
madre y la primera profesora de Educación física de Córdoba, tenía alrededor de unos 70 años, era del Madrid y lucía un chándal que así lo atestiguaba y en sus días había formado parte de la Sección
femenina.
Siempre me ha gustado cantar, por aquel entonces lo hacía en el coro del instituto, era del grupo de voces de las contralto junto con mi hermana, que por esa fecha había decidido cambiarse de instituto para prepararse mejor la selectividad e irse a vivir con mi padre.
Actuábamos una vez al año, y lo mejor de aquellos 22 de diciembre era que después de cantar nos quitábamos la ropa negra o en su defecto negra y blanca y nos íbamos a Santa Litrona, a escuchar conciertos de otra índole y a beber cerveza, que ya por aquel entonces era mi refresco favorito.
Yo acababa de heredar el ciclomotor de
mi madre, una Suzuki lido de un blanco prácticamente amarillento, que más tarde cambiamos por una Zip de un color indefinido entre el azul y el morado. De sobra era sabido que las motos zip y las job eras las más fáciles de robar del mundo, por eso mi madre me obligaba a guardarla en el trastero de mi cochera, aún así no
logré evitar que me robaran el sillín.
Fue en 1998 cuando conocí a mi amigo Alfonso, ahora nos reímos juntos reconociendo el hecho de que a todos se nos pasó por la cabeza que moriría tirado en cualquier acera en Londres o en otra ciudad de índole parecida. Era la viva imagen del desastre, ahora es cocinero, está casado y tiene un restaurante en la sierra de Huelva.
También conocí en aquella fecha a otro de mis grandes amigos , Pancho el gitano, el apelativo gitano nos servía para distinguirlo de otro Pancho, también amigo. Él igualmente se casó, en la boda más asombrosa a la que yo he ido en mi vida, por su rito claro, con arboreá incluída.
Alfonso, Pancho el gitano, mi amiga Graciela y yo, aquel año formamos equipo para el Foroidea , la pregunta de aquel
año: Las nuevas tecnologías de la información,
¿Favorecen la desigualdad social?
Esa era la primera vez que yo oí
hablar de Manuel Castell y su trilogía
“La era de la información”. Formamos un buen equipo, y no
quedamos en mal lugar en el concurso, fue bastante divertido, aunque yo me perdí el directo porque me puse mala con gripe y no pude ir al debate en el que nos eliminaron.
Por aquel entonces ya me quedaba poco para tener mi leve accidente con la moto, en el que me partí los ligamentos de la rodilla y tuve que andar con muletas durante un largo periodo. Aunque fue un poco aparatoso y desagradable, no le
cogí miedo a la pequeña Brigitte Bardot Roja (una regla
nemotécnica para no olvidar su matrícula).
Tenía un buen expediente, y había escogido el bachillerato de Ciencias Sociales con la especialidad de Geografía e Historia. Dudaba si estudiar periodismo o geografía, pero innegablemente, ¿Quién puede negarse a un nombre tan jugoso como Comunicación
Audiovisual?.
Recuerdo que hicimos una visita a Sevilla a una especie de Feria donde las Universidades informaban en sus stand de las licenciaturas que ofrecían, nosotros dimos un pequeño paseo y luego hicimos tres botellones seguidos y de vuelta para Córdoba, esa fue la atención que le prestamos a la asesoría.
Conservo aún un cassette de doble pletina que me regaló mi padre en 1989 en el que hacía mis pequeños programas de radiofórmula (esa nomenclatura la aprendí años más tarde), también
escribía en el periódico que teníamos en el instituto, junto con mi amiga Chuchú, quien no se dejó seducir por el nombre de Comunicación Audiovisual y se mantuvo en sus trece con que terminaría trabajando en el informativo de Televisión Española.
En 1998 ya me había teñido el pelo prácticamente de todos los colores posibles, en aquel momento tenía las puntas decoloradas y teñidas de rosa magenta, y cada noche me envolvía la cabeza con el pelo para que se quedara liso, la técnica de la manta. Me hice un
tatuaje ese mismo año
vestía ropa ancha a la par que hipiosa, me gustaba el flamenco y el hardcore melódico, escuchaba cintas de Bad Religion y NOFXs
y además cantaba con mi hermana Ella Baila sola, una mezcla un
poco extraña.
Salíamos viernes y sábados a los jardines de los ministerios, luego nos íbamos a la calle del Veluria, a beber chupitos de amareto y
granadina con una bola de chicle dentro del vaso, visitábamos
la Peña egabrense y terminábamos la noche en el Surfer
Rosa.
En 1998, ya había descubierto a mi escritor favorito, Milan Kundera, y ya me había leído Cien años de soledad, recitado el monólogo de Segismundo de Calderón, dramatizado Luces de Bohemia de Vallé Inclán, bailado clásico durante años,
había deseado viajar a Laponia como Los amantes del círculo
polar, y estaba apunto de visitar la Fontana de Trevi y el puente
vechio y de prometer que cuando me tocara, por aquel entonces la
primitiva, volvería a Florencia a comprarme una casa muy cerca
del palacio Pitti.
Tiempo al tiempo.
Le paso este meme a Blanca y a Sara y a Berlin63
Wow, me ha encantado el relato. Muy bien contado. Se lee muy bien. Me encanta lo de que tu refresco favorito era la cerveza. jejejeej.
y enhorabuena por el post
saludos
genial! qué detalles!!! "escuchaba cintas de Bad Religion y NOFXs
y además cantaba con mi hermana Ella Baila sola, una mezcla un
poco extraña." eso me ha encantado.
Si finalmente hibieras estudiado periodismo..no hubiera sido igual! menos mal que te pude conocer en la facultad! Quién nos iba adecir que seríamos compañeras de trabajo además!
Enhorabuena por todo, blog, post y por tu pasado y presente
gracias por el post!! me ha gustado muchísimo!!
y me gusta conocerte más, ciertos detalles como que juagaras al balonvolea los desconocía, aunque bien era sabido tu gusto por el refresco rubio....
entonces... te vas a animar a ir publicando cositas por aquí, ¿no?
besotes!!
con el "hardcore melódico" se lía!! total, yo no puedo decir mucho teniendo en cuenta que escuchaba máquina total...
a ver si es verdad que te animas con el blog...
Gracias a todos por vuestros comentarios!! esto me hace mucha ilusión!
Pues sí he decidido empezar a escribir aquí y cuando vaya cogiendo la dinámica de lo que esto significa pues dar el salto a:
http://www.zemos98.org/spip.php?article674?rubrique=21
olé
esto es un hito histórico!!
me ha gustado mucho guapi!!
me has emocionado :) me suenan tantas de esas cosas que cuentas... besos.
bueno, y vas a seguir escribiendo?